[07/abril/2026]
Sanaá - Saba:
Ante la escalada de la agresión estadounidense e israelí contra la República Islámica de Irán y las amenazas conjuntas del criminal Trump, la firmeza iraní se erige como un pilar fundamental contra el que se han estrellado las apuestas de la "hegemonía unipolar". Esta firmeza se sustenta en una postura oficial y popular yemení sin precedentes, que ha trascendido los límites de la solidaridad política para convertirse en una "unidad de frentes".
Las amenazas de Trump de ampliar el alcance del conflicto y usar fuerza militar excesiva contra el pueblo iraní, que ha reiterado durante dos semanas, constituyen una amenaza directa a la paz y la seguridad internacionales. Esto ha generado una postura firme y unificada por parte del eje de la resistencia.
Ante la realidad sobre el terreno, resulta evidente que las amenazas de Trump no han logrado disuadir al eje de la resistencia de defender la soberanía e independencia de su pueblo. Por el contrario, han tenido un efecto contraproducente, generando repercusiones internas en la sociedad estadounidense y un aumento del rechazo popular a sus políticas "descabelladas", que ponen en peligro los intereses de Washington y Europa al servicio de la agenda sionista.
En los últimos meses, la República Islámica de Irán ha demostrado la eficacia de su estrategia de disuasión, vigente desde hace décadas, a pesar de la brutalidad de la agresión estadounidense-israelí y los ataques directos contra su infraestructura y los pilares del desarrollo industrial y económico en general, además de los atroces crímenes cometidos contra el pueblo iraní.
En respuesta, la Guardia Revolucionaria Islámica y las Fuerzas Armadas iraníes han demostrado una notable capacidad de represalia militar, llevando a cabo una serie de operaciones de alta calidad contra bases estadounidenses en la región y en el interior de los territorios ocupados por Israel. La más reciente fue la "masacre aérea", que el enemigo reconoció recientemente.
La cohesión social y la unidad del pueblo iraní en torno a su liderazgo han obrado un milagro que ha asombrado tanto a amigos como a enemigos, frustrando los intentos de la administración estadounidense de involucrar a los grupos étnicos en Irán mediante la apertura de un frente interno que aumentaría las posibilidades de atacar al régimen iraní y desestabilizar la seguridad y la estabilidad.
La participación de Yemen en la batalla junto al Eje de la Resistencia llegó en el momento oportuno. No se limitó a emitir declaraciones diplomáticas; por el contrario, las fuerzas armadas yemeníes encarnaron el principio de "destino compartido" a través de sus operaciones militares en coordinación con la Guardia Revolucionaria Iraní y la Resistencia Islámica en el Líbano, utilizando misiles de crucero y drones. Esto confirma la firmeza de la postura de Yemen en defensa de las causas de la nación, principalmente la causa palestina.
El impulso popular en Yemen ha desempeñado un papel activo y destacado al mostrar solidaridad con el pueblo palestino y su justa causa, y al apoyar a Hezbolá en el Líbano y la República Islámica de Irán. Las manifestaciones semanales de millones de yemeníes en la capital, Saná, y en las provincias, no son sino una confirmación del destino compartido del Eje de la Resistencia en su lucha contra las conspiraciones del autodenominado "Gran Israel".
La firmeza de Irán y Yemen frente a las fuerzas hegemónicas y arrogantes, lideradas por Estados Unidos, Israel y sus aliados regionales, ha forjado una nueva realidad regional e internacional. Esta realidad se caracteriza por la ruptura de la hegemonía y la demostración del fracaso del poder militar occidental para someter a los pueblos libres. El Eje de la Resistencia se ha transformado de una alianza política en una fuerza militar regional plenamente integrada, que gestiona el teatro de operaciones con total coordinación.
En resumen, los acontecimientos y desarrollos que se están produciendo en la región están reescribiendo su historia. La alianza de resistencia entre Yemen, Irán y Hezbolá demuestra que la voluntad del pueblo y el poder de la verdad son más fuertes que la tecnología de la destrucción, y que el futuro de la región será construido por su propio pueblo, no por decisiones impuestas desde el extranjero.