La incorporación de Yemen al eje de la resistencia: Un elemento cualitativo en la ecuación militar
[miércoles, 01 abril 2026 09:34:36 +0300]
Sana á - Saba:
Al cumplirse el segundo mes de la agresión estadounidense-israelí contra la República Islámica de Irán, se hace cada vez más evidente la verdadera naturaleza de las ambiciones estadounidenses e israelíes de dominar la región estratégica, militar y económicamente, controlar sus recursos de petróleo y gas, y obligar a su población a aceptar el llamado proyecto del "Gran Israel".
Esta agresión no fue un acto espontáneo, sino parte de un plan premeditado para eliminar al Eje de la Resistencia liderado por la República Islámica, dado su continuo apoyo a las facciones de la resistencia en Palestina y Líbano frente al enemigo israelí, que ha persistido en sus crímenes contra civiles y en la violación de la santidad de la Mezquita de Al-Aqsa, beneficiándose de la cobertura y el apoyo estadounidenses y europeos, así como de los aliados de Washington en la región.
La guerra de doce días de junio de 2025 fue solo un preludio de la agresión de febrero pasado, para la cual Estados Unidos e Israel desplegaron enormes recursos militares y logísticos. Su objetivo era derrocar al régimen iraní, destruir su infraestructura militar, económica y cultural, e instaurar un régimen que sirviera a sus intereses; una meta que no habían logrado desde el triunfo de la Revolución Islámica más de cuatro décadas antes.
En las últimas semanas, la República Islámica ha demostrado su resiliencia y capacidad para afrontar estos desafíos mediante respuestas directas y multifacéticas en el marco de la Operación Promesa Verdadera. Esto se refleja en los datos políticos y de campo, que indican el fracaso de Washington y Tel Aviv en el logro de sus objetivos, principalmente el derrocamiento del régimen iraní, la destrucción de su programa nuclear y la eliminación de su capacidad misilística
A pesar de que el enemigo estadounidense-israelí atacó a líderes políticos y militares en Irán —una peligrosa escalada que incluso alcanzó al Líder Supremo de la Revolución Islámica, el ayatolá Ali Jamenei—, el liderazgo iraní manejó los acontecimientos con sabiduría y astucia. Logró absorber el golpe inicial y respondió de forma directa e inesperada, atacando bases militares estadounidenses en la región.
Las apuestas del gobierno estadounidense por un levantamiento del pueblo iraní contra su régimen han fracasado. Los acontecimientos han demostrado una clara cohesión y unidad interna entre el pueblo y sus líderes, confirmando que la República Islámica no es simplemente un sistema de gobierno, sino un Estado con profundas raíces culturales e históricas, que posee la capacidad de resiliencia necesaria frente a las fuerzas de la hegemonía colonial.
Coincidiendo con el inicio del duodécimo año de resistencia contra la alianza agresora formada por Estados Unidos, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, Yemen, tanto su liderazgo como su pueblo, enviaron un mensaje de solidaridad y apoyo a la República Islámica de Irán y a los frentes de resistencia en Líbano, Irak y Palestina mediante la realización de una operación con misiles balísticos dirigida contra emplazamientos militares israelíes estratégicos en el sur de la Palestina ocupada.
Los observadores creen que la participación de Yemen junto al eje de la resistencia, liderado por Irán, Hezbolá y las Fuerzas de Movilización Popular, complicará la situación para Estados Unidos e Israel, abriendo un nuevo frente marítimo que dificultará la labor del enemigo y aumentará el costo del conflicto.
Además, la entrada de Yemen en el conflicto podría ampliar el alcance de la guerra, no solo geográficamente, sino también en cuanto al número de partes involucradas, fortaleciendo así las capacidades del eje de la resistencia, especialmente dada la experiencia bélica acumulada por Yemen y sus probadas capacidades militares contra potencias regionales e internacionales.
Analistas políticos y militares afirman que este paso representa una adición cualitativa a la ecuación militar, que podría generar importantes cambios estratégicos en el curso del conflicto y establecer una nueva realidad que obligará a las fuerzas de la tiranía a reconsiderar sus cálculos a la luz de la unidad de los frentes del eje y su capacidad para lanzar ataques coordinados y devastadores en el interior del territorio enemigo.